4 agosto, 2018 Coaching, Liderazgo 0 Comentarios

Cuando tenemos miedo.

Cuando nos encontramos en calma, somos capaces de fluir, de estar conectados, de estar en el presente, de liderar las diferentes situaciones en las que nos encontramos, en definitiva, de ser nuestra mejor versión.

Sin embargo, cuando tenemos miedo seamos conscientes de ello o no, nos ponemos en modo mental. En modo mental no estamos en el presente, empezamos a recordar experiencias pasadas que no nos gustaron o no nos hicieron sentir bien. A veces, no somos ni conscientes y empezamos a buscar señales que nos resulten conocidas y nos justifiquen de esta manera la huida.

Evidentemente aquí quien funciona en piloto automático es nuestro cerebro reptiliano. Y diréis, ¿y para qué nos ponemos en piloto automático con nuestro cerebro más primitivo? Si ya no hay dinosaurios que nos puedan devorar, no hay tribus que nos puedan atacar, etc. Si se supone que todo eso lo hemos superado, ¿cuáles son las señales de alarma que hacen que sintamos miedo y funcionemos en modo supervivencia?

Nuestros miedos vienen mayoritariamente de momentos o situaciones en las que:

  • no supimos actuar con calma.
  • no supimos detectar situaciones anteriores que nos hicieron llegar a situaciones más traumáticas.
  • o no lideramos la situación por creer que íbamos a ser rechazados, principalmente.
  • nos sentimos inferiores o no seguros.

Todo ello, hace que poco a poco nuestra seguridad y nuestra autoestima se quede mermada. A parte de que en nuestro cerebro se queda una huella o impronta emocional para que en caso de que suceda algo parecido reaccionemos en modo supervivencia.

Si este tipo de huellas o improntas emocionales no se gestionan en su momento con nuestra parte más evolucionada del cerebro, el neocórtex, se van acumulando y llega un momento en que cualquier detalle insignificante tendrá una respuesta de supervivencia desproporcionada al estímulo.

¿Por qué no se gestiona en el momento? Las razones por las que no se suelen gestionar estas improntas es:

  • porque se producen a muy temprana edad y como niños no sabemos que eso nos puede originar determinadas reacciones a posteriori.
  • Porque al ser a esta temprana edad, nosotros no supimos expresarlas para que nos ayudaran a gestionarlas de forma más racional o evolucionada.
  • Porque a la mayoría no nos enseñan a gestionar nuestras emociones, lo que solemos llamar los frikis del desarrollo personal, la inteligencia emocional.
  • Porque en nuestro entorno a eso no se le daba importancia.
  • Porque estamos tan ocupados en llegar a nuestros objetivos laborales, pagar facturas o cuidar a los nuestros que nos olvidamos que tuvimos dicho impacto emocional y no pudimos parar para sanarlo.

Hoy en día nuestros dinosaurios son del tipo:

  • Muerte de un familiar.
  • Divorcio.
  • Infidelidad.
  • Abandono familiar.
  • Accidente.
  • Enfermedad.
  • O cualquier suceso que ocurra en nuestra infancia o edad adulta que suponga un impacto emocional y que no sepamos en ese momento racionalizarlo.

Pensamos que esto con el tiempo se va borrando ya que todos conocemos las típicas frases de: “el tiempo todo lo borra”, “no hay mal que 100 años dure”, “un clavo saca otro clavo”, etc.

Pero no es cierto, vamos acumulando “señales de alerta” de tal manera que si no se gestionan, condicionan nuestras vidas y nuestra forma de movernos por el mundo y de elegir a las personas con las que interaccionamos.

Voy a poner el ejemplo de las alergias, una persona no es alérgica de repente a un alimento o planta. Nuestro organismo va generando intolerancia y anticuerpos que detectan a ese alimento como un elemento invasor. De tal manera que cuando ya se han realizado una serie de contactos, el organismo desencadena todo su mecanismo de destrucción del alérgeno, con todos los síntomas que eso conlleva. A veces hasta llegar a su punto álgido que es la muerte por shock anafiláctico.

Con nuestras huellas emocionales ocurre lo mismo.

¿Nunca os habéis preguntado por qué se os repite la misma escena con diferentes personas? ¿Por qué repetís el mismo Patrón una y otra vez?

Vuestros egos os contarán que la culpa la tiene el otro, pero no. La responsabilidad la tenemos nosotros. Ya que, al no sanar nuestras huellas, heridas o improntas emocionales, llega un momento en que el miedo a que eso vuelva a suceder hace que veamos fantasmas donde no los hay. Y nuestro cerebro recree esa misma situación y en consecuencia se origine la emoción del miedo y actuemos en consecuencia.

Podemos actuar huyendo o podemos actuar atacando dependiendo de la personalidad de cada uno.

Por ello no solo es ser consciente de que nuestro cuerpo debe estar sano sino también nuestro cerebro ya que es el gps de las situaciones que ocurren en nuestra vida.

El antídoto para ello es localizar dichas huellas y sanarlas con buenos profesionales. Existen técnicas como la PNL, la hipnósis, la regresión, terapia psicológica, etc

Así evitaremos pensar que el mundo está conspirando hacia nosotros o que nos agrede o que lleguemos a pensar que tenemos alguna tara.

Para vuestra tranquilidad esto nos pasa a todos, por eso es bueno pasar la ITV a nuestros cerebros de vez en cuando como a nuestros coches.

 

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  Feliz semana wonders!