26 mayo, 2018 Metáforas. 2 Comentarios

Finaliza.

Finaliza.

Y me dirás, qué contundente andas hoy. No es contundencia es realidad.

A todos nos han contado el cuento de la “estabilidad”, de algo perdurable en el tiempo. No sé quién se lo inventó pero la idea caló en todos nosotros. Ese concepto de estabilidad en cuanto a inamovible, sin cambio, sempiterno y rancio.

Supongo que este concepto caló en nosotros por nuestra eterna sensación de miedo, de no confiar en la vida, de no confiar en nosotros mismos, de creer que estamos solos y de que no estamos conectados con el otro.

Me considero una alquimista del S. XXI, un alquimista es aquella persona que se dedica a transmutar la materia, es decir, a transformar nuestro plomo en oro o a encontrar el secreto del elixir de la vida eterna.

Como aprendiz de alquimista que soy, para mí un elemento estable sería aquella propiedad de un cuerpo o elemento capaz de mantenerse en equilibrio o de volver a dicho estado de equilibrio tras sufrir una perturbación.

Si miramos a nuestro alrededor y nos dejamos de distracciones como el móvil, las cosas que “tenemos que hacer”, las cosas que me quedan por hacer y nos centramos en nuestro presente, nos daremos cuenta de que todo cambia y todo tiene un final. Los finales son parte de la vida, nosotros mismos somos finitos, somos mortales, tenemos un final.

  Los finales son necesarios para dar paso a un nuevo comienzo. Y tras cada final hay un aprendizaje, y sino conseguimos encontrar dicho aprendizaje volveremos a repetir la lección.

Las lecciones pueden ser variadas: el tipo de personas que incorporas en tu vida, la manera de relacionarte, saber marcar tus límites, aprender a expresar de forma asertiva lo que piensas, darte a conocer, experimentar y perder el miedo a algo, ser más independiente, amarte más, etc.

Como todos sabemos hay un tiempo de siembra y otra de cosecha, la naturaleza funciona así. Por ello, a veces el cambio no es rápido, lleva su tiempo. Nosotros mismos necesitamos 9 meses de gestación para formarnos. De hecho nuestras células están renovándose continuamente, de hecho se sabe que cada 7 años somos personas distintas fisiológicamente hablando, ya que nuestras células en ese período de tiempo se han renovado completamente y llevan una impronta o información distinta. Y esto sucede seas consciente de ello o no. Tenemos que cerrar etapas para empezar en la siguiente, salimos de la guardería para ir a primaria, terminamos primaria para entrar en secundaria, y así continuamente. Lo que me suele dar risa es que nuestro ego se dedica a decir, para esto si quiero cambio y para esto no me viene bien. Jajajaja. Como si lo pudieras controlar. Pero por lo visto eso nos da más seguridad, creer que podemos controlar a la VIDA. Qué soberbia, verdad? 😀

Me gusta mucho usar la metáfora de los rosales. Siempre me han llamado la atención las flores, me parecen un espectáculo de la naturaleza por sus colores, por su olor, por su perfección. Mi flor preferida son los tulipanes, me gustan por su sencillez, por su fragilidad y por su temporalidad, duran muy poco, tienes que aprovechar ese instante mientras están en flor. Sin embargo, hoy hablaré de los rosales. El cuidado del rosal es todo un arte al igual que el cuidado del bonsái. Si has tenido la enorme suerte de pasearte por rosaledas de jardines botánicos o ver colecciones de diferentes variedades de rosas habrás observado que para que el rosal luzca bello hay mucho trabajo detrás.

Detrás está el trabajo de un gran jardinero que ha hecho la labor de la poda.

  • La poda de los tallos que él sabe que no van a florecer bien.
  • La poda de tallos enfermos que no van a mejorar y pueden contaminar a los tallos sanos.
  • La poda de los tallos que están ocupando el espacio que tienen que ocupar los tallos más gruesos.

Los rosales son plantas que producen más tallos de los que pueden soportar y hay que hacerles podas estratégicas continuamente. Esto sucede con nuestras vidas cuando gastamos nuestro tiempo con amistades tóxicas, trabajos que no nos aportan o hacen feliz, compromisos que no nos llenan, tareas que no nos aportan, etc. Por ello, ería interesante conocer el arte de la poda y convertirnos en un buen jardinero de nuestras vidas.

Diréis que suele doler hacer esa poda. Es cierto, cuanto más nos oponemos a ese cambio o poda más nos duele y más tiempo dura ese dolor. El gran aprendizaje que podríamos hacer con la naturaleza y con los animales es su estado de presencia, no le dan vueltas a lo que perdieron, ellos simplemente continúan fluyendo con la vida. No se martirizan pensando que lo que viene es peor, simplemente siguen caminando.

Imagínate que tu coche ya es muy viejo y no tiene valor porque sea una creación limitada, sino un coche normal y corriente y tiene muchas averías. Lo llevas al taller y te dicen que te va a costar 3 veces más que un coche nuevo y que no te aseguran que puedas seguir circulando por mucho tiempo con él. Y tú te sigues empeñando en que te lo arreglen aún sabiendo que te puede dejar tirado en cualquier momento. Pues así vamos por la vida y lo mejor de todo es que le decimos a la vida que es injusta cuando te está dando la oportunidad de evolucionar con un coche más seguro, más rápido y más adecuado a tu actual personalidad y necesidades.

Fluye con la vida y no tengas fantasías pensando que lo puedes controlar. Simplemente… finaliza.

Espero que os haya gustado y ayudado, si es así por favor comparte.

Si necesitas más información para encontrar tus patrones repetitivos o para adquirir más herramientas para aprender a fluir con la vida, por favor contacta conmigo aquí.

Feliz finde mis wonders!