26 noviembre, 2016 Coaching 1 Comentario

SALTA!!

Salta!! Cierra los ojos e imagínate que estás en la escena de Indiana Jones y la Última Cruzada, en la que está al borde del precipicio y tiene que dar un paso hacia adelante para llegar al otro lado y conseguir el cáliz del Santo Grial para salvar a su padre, pero solo ves el precipicio, no hay puente, no hay una pasarela, no llegas si saltas, no hay cuerdas, solo tú y tu fé.

Esta escena me impactó cuando la ví en su día, yo tendría como 9 ó 10 años. En ella, Indiana Jones tiene que pasar esta última prueba, y se ve como mira el cuaderno de trabajo de su padre, en el que ha recopilado toda la información acerca del cáliz, las tres pruebas para conseguirlo y el templo que lo contiene, y en el cuaderno puede leer en él las pistas: “Ahora estoy listo para pasar el obstáculo, él probará mi valor”.

Se da cuenta que no hay nada para saltar el precipicio y piensa: “Imposible! Nadie puede saltar tanto”. Mientras el compañero le pide que se dé prisa porque la vida de su padre corre peligro.

Vuelve a pensar: “Es un obstáculo de fé”. Su padre le dice: “Tienes que creer, tienes que tener fé. Necesitas creer”. Ya que Indiana nunca había creído en estas cosas.

Entonces cierra los ojos, se pone la mano en el corazón, toma una respiración profunda y ves como de repente contacta con algún sentimiento porque abre los ojos como si lo tuviera claro y levanta su pierna y da un paso hacía el vacío. Acto seguido se ve como se sorprende al ver que no está cayendo sino que puede caminar sobre algo sólido. Mira a su alrededor y ve que en realidad había un puente de piedra que por efecto óptico parecía invisible.

Esta misma sensación es la que tiene un emprendedor cuando da el salto hacia su proyecto, su empresa. Cuando deja su trabajo, el cual conoce, domina, está seguro, tiene su sueldo mensual pero de repente recuerda lo que le gusta, lo que hace que se le pasen las horas, lo que hacía de pequeño de forma natural, lo que lleva toda la vida haciendo sin darse cuenta. Lo que un día se encuentra por el camino y reconoce que le encanta, que eso era lo que estaba buscando. Aquella actividad con la que se siente pleno. Cuanto más lo haces, más feliz, mejor versión de ti.

Pero claro hay que dar el salto, ese salto de fé que te hace renunciar a eso que habías hecho hasta ahora, lo que esperaban de ti, lo que se supone que tenías que conseguir.

  ¿Qué hace que saltes?

Lo que hace que saltes es que una vez que contactas con ello ya no hay vuelta atrás, te sientes tan bien haciéndolo, que ya no encajas en lo anterior. Lo que en la película viene a ser la prisa por curar al padre de Indiana.

Lo que hace que saltes es que empiezas a ver todo lo bueno que aporta el que tú te dediques a ello. Y por mucho que quieras retrasar el salto, el día que lo das todo se confabula para acompañarte. Te das cuenta que siempre hubo un puente que no veías por un simple efecto óptico.

Esa vocación la ocultaste o no le diste importancia porque te salía natural, no necesitabas esforzarte para hacerlo, por lo tanto… ¿no tenía tanto valor? ¿Crees que no tiene valor lo que te hace diferente? ¿Aquello que hace que seas tu mejor tú?

Te das cuenta que aunque creías que eras muy bueno haciendo lo anterior, con tu vocación hay una diferencia abismal. Aparece tu mejor versión. Y eso se nota, eso lo notan.

Es como cuando te enamoras y te sientes genial y no sabes si saldrá bien o saldrá mal pero sabes que quieres estar con esa persona y lo haces.

Cuando sientas esto, lo sabrás…

Y cuando lo sepas…

  SALTA!!

Que tengáis una feliz semana. 🙂

Si quieres iniciar una sesión de coaching, CONTACTA AQUÍ.

Tags: